Es el filósofo más insigne de Armenia, teólogo y gramático a un tiempo, conocido entre los suyos por el Invensible, y por Filoteo entre los griegos, de cuya cultura bebió los raudales, que luego fertilizaron su patria. Por él la Armenia tiene un puesto en la historia de la filosofía, y ésta, de su vez, debe a David la adquisición de una nueva provincia en sus dominios, ya que por sus obras ve la cultura filosófica de Grecia dilatándose por el Oriente y aun sorprende por el canal por donde más tarde se extendió entre los árabes. La personalidad de David, sólo conocidas por vagas y tradicionales referencias, fue plenamente reconocida en Occidente después de los estudios de M. Neumann, publicados en el Nouveau Journal Anàtique (enero y febrero 1829). Nacido en una ciudad de Turuperán llamada Hertén, Herkán o más bien Nerkén; fue según Nersés, primo hermano de Moisés de Khorén, renombrado historiador de la Armenia, y por testimonio del cronista, también armenio, Samuel, floreció por los años de 490 después de J.C., y murió a principios del siglo VI. Las relevantes prendas que en el joven David sobresalían indujeron a su obispo San Sahak a enviarlo a Alejandría y a Atenas al tiempo que Prodo (Produs Lycius) sostenía en esta última ciudad con sus eruditas enseñanzas el prestigio de sus mejores tiempos; fue David su discípulo asiduo juntamente con los celebrados filósofos de Alejandría, Siriano y Ammonio, hijo de Hermias (Ammonius Hermiae), de que en sus escritos hace mención con frecuencia. No frustró en verdad las esperanzas sobre él fundadas, tanto por Sahak, como por Mesrob, verdaderos regeneradores de la Armenia: de regreso a ella, David, imbuído a fondo en la literatura y filosofía griegas, difundió entre sus compatricios las luces de su ingenio y erudición. Aunque fue por este tiempo su patria teatro de profundas agitaciones políticas, mantúvose David extraño a ellas, consagrado solamente al estudio, a la enseñanza y a la eculubración de sus obras filosóficas. Ni fueron estas tan sólo las que le valieron renombre entre los suyos, publicó varios tratados teológicos y otros literarios: de los primeros, entre varios fragmentos, que guardan las bibliotecas de Florencia, Roma y París, hállase íntegro el sermón o disertación que pronunció en Atenas, el bema, publicado primero en griego, su lengua original, traducida por él mismo al armenio, en cuya literatura figura como obra maestra; de los segundos quedan tan sólo algunos capítulos de una gramática armenia, donde comenta, para uso de sus compatricios, la gramática de Dionisio de Tracia. He aquí el catálogo de las obras filosóficas de David, según lo da Bartolomé Saint Hilaire, indicada la lengua en que fueron escritas:
1. En armenio solamente se hallan,
"La definición de los principios de todas las cosas" (Constantinopla, 1731),
· "Los fundamentos de la filosofía",
· "Los apotegmas de los filósofos".
2. En armenio y griego juntamente,
· "Comentario sobre la introducción de Porfirio",
· "Comentario sobre las categorías de Aristóteles".
3. En griego tan solo,
· "Los prolegómenos sobre el comentario al libro de las Categorías".
4. Hizo, además, traducciones a su lengua de las Categorías y de los libros de Interpretación, extractó los Primeros y últimos analíticos, tradujo la Carta de Alejandro sobre el mundo, también un breve tratado apócrifo sobre los vicios y virtudes. La edición general de las obras de Aristóteles, dada a la luz por la Academia de Berlín, trae en su tomo IV extensos fragmentos de Comentarios de David e íntegros sus Prologómenos a las Categorías.
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