La negación
La confesión de un genocidio por parte del Estado que lo ha perpetrado o por parte de sus sucesores es un hecho excepcional. Sólo Alemania occidental ha reconocido los hechos sin esconderles y ha aceptado de asumir las concecuencias. Al contrario, en Turquía, los régimenes sucesivos se han cerrado en un sistema de negación que había sido fabricado por los mismos criminales.
El genocidio armenio fue preparado con la mentira y en la mentira completa. El Estado de los Jóvenes Turcos ha equipado a sus sucesores las armas que permitieron de asegurarles la defensa y de transformar la verdad en falso. El exterminio ha sido programado de tal modo que el acusado pueda invocar la legitimidad o sostener la propia inocencia: legitimidad de una medida impuesta por una revuelta o una guerra civil y confirmada del registro en los archivos otomanos de documentos que garantizan el carácter legal de la deportación; inocencia de los funcionarios encargados de la deportación y de los gendarmes de escolta a los deportados, que sostenían de haber estados predominados por los irregulares, entonces incapaces de proteger los convoyes. La deportación ofrecía la doble ventaja de extirpar la planta con sus raíces y de cubrir las matanzas con una semblanza de legitimidad. Para acreditar la pretensión de un transporte protegido sobre la cual se fundaba tal legitimidad, se había provisto en enviar a la administración un documento (luego depositado en los archivos donde habría debido para constituir la prueba de la voluntad gobernativa de proteger estas poblaciones dispersas) que la rogaba de aplicar la ley. Contemporáneamente, un telegrama que debía haber sido destruído después de la decifración anulaba la orden oficial y formulaba la prescripción real, de modo que, quien más tarde hubiese buscado la verdad en los archivos, no hubiera descubierto que los rastros de una medida banal. Para mejor disimular el programa de aniquilación, se había hecho recurso de una nueva pantalla: la transformación de una organización clandestina del Ministerio de Guerra - la OE, encargada de infiltrarse en las poblaciones musulmanas más allá de la frontera para ganarle a la causa turca - en una estructura destinada a matar algunos ciudadanos otomanos. Había por consiguiente dos organizaciones oficiales, cada una de las cuales constituía una pantalla. Sí una investigación hubiese conducido a la anterior, sus métodos habrían sido conocidos como una práctica corriente de los servicios secretos en tiempo de guerra. Así hubiera estado oculto el hecho que tal organización había estado desdoblada y que una parte había sido transferido bajo las órdenes del Ministerio de Interiores con el propósito de perpetrar un crimen colectivo. La negación fue por consiguiente incorporada a la acción; aún antes de ser cometido, el crimen era inconfesado y inconfesable.
Cuando Mustafá Kemal se está a punto de reconquistar una Turquía que los vencedores amenazan con desmembrar, él pone como condición antes el Pacto nacional la negativa de cada amputación del territorio turco. Se vuelve entones necesario cancelar los rastros de los procesos de Constantinopla y poner fin a estos procedimientos judiciales. En 1923 Ismet Inonü regula en Lausana la "desagradable cuestión armenia", explicando que "la responsabilidad de todas las calamidades a las cuales el elemento armenio fue expuesto en el Imperio otomano" recae sobre "este elemento" y que Turquía no hizo otra cosa que recorrer a medidas de represalia una vez exhausta la paciencia. Entre las dos guerras, la Sociedad histórica de Turquía presenta una lectura más cínica de los eventos: las medidas eran necesarias a la creación de esta gran nación, posición así reasumida por Norbert de Bischoff: "la extirpación de las razas griega y armenia de Anatolia [...] ha permitido crear un Estado nacional turco y la formación de un cuerpo social turco completo en el interior de este estado" . Esto significaba justificar la limpieza étnica antes que fuese pasado. La diplomacia turca continuó vigilando para que las matanzas de los armenios no fueran nunca mencionadas, para que ellos desaparecieran de la memoria de las naciones, que las nuevas crisis internacionales distrajeran de este evento remoto.
Después de 1945 Turquía se vuelve miembro de la ONU, entonces firma la Convención sobre el genocidio. Es solamente cuando la causa armenia es propuesta a la atención de la celebración del cincuenta aniversario del genocidio que el gobierno turco modifica la propia estrategia, no contentándose de negar los hechos, pero llevando la propia negación con "búsquedas históricas" que ponen lejos definitivamente a los armenios del pasado turco. Armenia es solamente una "expresión histórica" : no hubo una Armenia histórica ni armenios en Turquía, sino solo hititas que sostenían de ser armenios. La negación alcanza entonces el colmo: demuestra la inexistencia de la víctima.
La negación es promovida y controlada por un Estado potente que se opone con el chantaje y la amenaza a todo aquellos que rehusan o contestan su versión de los hechos. Para sostener esta insostenible posición, es conducida una campaña de Ankara donde algunos historiadores turcos crean un verdadero y propio laboratorio de desinformación que difunde la versión turca de las causas y de los eventos del "exigido genocidio". Para que ella no alcanze los resultados esperados, el gobierno turco anima los especialistas de estudios turcos del exterior a sostener su posición. Les permite a ellos un acceso limitado a sus archivos para aquel momento "en curso de sistematización". Este movimiento de negacionismo se materializa en el libro del profesor Shaw de la UCLA, que describe los armenios como ciudadanos privilegiados del Imperio otomano vueltos los carniceros de los turcos; el pueblo responde a sus agresiones transfiriendo la población armenia de cualquier zona estratégica para realojarla en mejores condiciones.
La negación turca se articula en torno a tres argumentos. El primero, constante de 1915, perturba las responsabilidades: los armenios han traicionado la confianza de los turcos y abusado de su paciencia; como si no bastase, han perpetrado un genocidio a los daños y perjuicios de los turcos, acusación que mezcla a los eventos de 1915 las extorsiones cometidas a daños de algunas aldeas turcas en el frente oriental por bandas de armenios venidos desde Rusia después de la derrota del ejército ruso a fines de 1917. El segundo argumento, el más importante por consiguiente desmonta la acusación de genocidio, niega la intención. Turquía admite la deportación y las matanzas, pero niega la planificación, o más bien el genocidio. Para convencer al mundo de lo histórico, después de innumerables pensamientos posteriores, el gobierno turco anuncia en 1988 como una gran noticia y la prueba de su buena fe la apertura de los archivos otomanos. Los investigadores podrán encontrar, falsificadas y registradas a partir de 1915, las pruebas de la inocencia turca, mientras que las otras pruebas habían sido destruidas o escondidas en el curso de los setenta años de "clasificación". Tercero y último argumento, las querellas de las estadísticas. Ella rueda en torno a dos elementos: el número inicial de los armenios que vivían en el imperio otomano - 2.100.000 según el patriarcado, 1.290.000 según el censo otomano -; la cifra de las víctimas: 1.500.000 en la versión armenia; de 200.000 a 800.000 según las versiones turcas. Subsecuentemente la reducción del número inicial de los armenios aumenta el porcentaje de las víctimas, el gobierno turco reconoce en realidad que un tercio, si no directamente más de la mitad de los armenios son desaparecidos.
En esta sucesión de ataques y de pretensiones los historiadores turcos se encierran en sus contradicciones. Los armenios nunca han existido como tales; Turquía nunca ha premeditado su destrucción; ellos, al contrario, han preparado y dado inicio a un genocidio contra los turcos; si los armenios han sido destruidos, es por culpa de ellos; el número de las víctimas no es entonces tan elevado. La absurdidad de esta posición se reasume en una fórmula; no ha sucedido nada, y por tanto se lo han merecido.
La negación turca provoca una crisis de identidad en los armenios: les priva de su sentimiento de afiliación y es vivida como un segundo exterminio. Paradójicamente, esta nueva destrucción de sus raices contribuye al despertar de la conciencia armenia. Rehusando a los armenios de reconocer su genocidio, Turquía les permite superar el shock de 1915 y de completar un doble retorno, imaginario y real, hacia la patria originaria. Los sobrevivientes y los descendientes de las víctimas se encuentran nuevamente en posición defensiva: son forzados a producir la prueba de los daños que han sufrido. A propósito de congragar los elementos de tal prueba, la búsqueda histórica sobre el genocidio armenio es relanzada. Es escogido un expediente más completo y más convincente, que persuade a los historiadores de todo el mundo. El genocidio armenio se convierte en una verdad histórica.
La cuestión del genocidio había sido puesta por la ONU. En 1973, el presidente de la Baja-comisión encargado de afrontar la prevención y la represión del crimen de genocidio compila un reporte preliminar, dedicando tres líneas del párrafo 30 a los armenios: Pasando a la época contemporánea, podemos señalar la existencia de una documentación muy rica relativa a la matanza de los armenios, que ha sido considerado como el primer genocidio del siglo XX". La delegación turca de la Comisión para los derechos del hombre exige la supresión de este párrafo y de otros dos que aluden a los grupos religiosos. La diáspora armenia se destina del incidente y organiza una campaña de información sobre el genocidio. Después de numerosas turbulencias, el párrafo 30 desaparece del reporte presentado en 1979 a la Comisión. La negativa turca exaspera a algunas organizaciones políticas armenias, que radicalizan la propia acción. Entre 1975 y 1983 se abre un período de terrorismo, bautizado "lucha armada", guiado por dos grupos diferentes y a menudo opuestos, la ASALA y los "Justicieros del genocidio armenio" , grupo clandestino de la FRA. Subidos al símbolo de la negativa turca, los diplomáticos turcos son el blanco principal de estas acciones terroristas. El movimiento alcanza en 1983 de las proporciones excesivas que provocan la autodestrucción. La aplicación de reconocimiento del genocidio armenio es nuevamente formulada de manera más diplomática. En abril de 1984 el Tribunal permanente de los pueblos establece "el exterminio de las poblaciones armenias mediante la deportación y la matanza constituye un crimen imprescriptible de genocidio", y que "esta responsabilidad comporta en primer lugar la obligación de reconocer oficialmente la realidad del genocidio y del daño de consecuencia sufrido por el pueblo armenio" . En agosto de 1986 la Baja-comisión aprueba el reporte Whitaker que hace mención del genocidio de los armenios, poniendo fin a una batalla de procedimiento durante trece años, marcada por el accidente del párrafo 30. El 30 de junio de 1987 el Parlamento europeo reconoce la realidad del genocidio de los armenios y precisa que la negativa de reconocer tal genocidio constituye un obstáculo al ingreso de Turquía en la Comunidad Europea. En febrero de 1990 el Senado estadounidense rehusa en cambio, no obstante la campaña conducida por el senador republicano Robert Dole, de votar una resolución que designa el 24 de abril como día nacional de conmemoración del genocidio - se trata de un cedimiento a las aplicaciones del Departamento de Estado: Turquía amenazaba de reconsiderar la precencia de las tropas estadounidenses de estancia sobre su territorio.
Si Turquía es vigilante de castigar cada alusión al genocidio armenio, las comunidades armenias de la diáspora están al igual vigilantes en denunciar las tomas de posición negacionistas. Cuando en "Le Monde" del 16 de noviembre de 1993 Bernard Lewis, negando el genocidio armenio, habla de "versión armenia de la historia de las matanzas", él se atrae sobre el mismo periódico, después de algunos días, una réplica de intelectuales que afirman la propia convicción que tales eventos constituyan un genocidio y denuncian la política turca de negación de este crimen. El caso se habría cerrado así si Bernard Lewis no hubiese arreglado y "explicado" la propia posición sobre "Le Monde" del 1º de enero de 1994. Haciéndose garante de una desinformación que no podía ignorar, este docente universitario no actuaba más de estudioso sino de político. Es por esta razón que algunas organizaciones armenias francesas han decidido intentar un proceso civil, sostenida por la LICRA, sobre la base del artículo 1382 de código civil, otras penalidades, basándose en la ley Gayssot.
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